Todos estamos viviendo una realidad nueva, que para bien o para mal nos permite tener una experiencia cercana con objetos cotidianos que a lo mejor no teníamos tiempo para apreciar en el día a día. ¿Has observado cómo es la luz que entra en tu casa? La creatividad es una actitud, una apertura de puntos de vista. De atreverse a ver con ojos nuevos.

Creación (extra)ordinaria a la obra

Para los que trabajamos en el campo de la creatividad y de la autogestión de proyectos propios, permanecer aislado frente a tu trabajo no supone un cambio de rutina tan extremo. Se necesita soledad para crear. Este tiempo ‘extra’ puede ser una fuerza reactiva o paralizante. Ser productiva en tiempos de incertidumbre requiere un trabajo mental extra para mirar adentro y tranquilizar la mente (una mente sin paz no es tan propensa a la creatividad si su enfoque es la angustia). Por eso, gran parte de mi tiempo ahora lo empleo en mantener la calma. Eso en sí ya es un ejercicio creativo. Ejercicio, yoga, meditación, escribir mis pensamientos cada día, hacen parte de mi rutina de limpieza mental.  

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Dedicación a partir de un cronograma dinámico y personalizado

La creatividad no es un don de unos cuantos. Es un músculo que se ejercita. Si estamos esperando las condiciones perfectas para crear, nunca las tendremos.

Creo que todos, sin importar nuestra profesión, tenemos algún proyecto pendiente. La creatividad es una pequeña parte de esto. Lo más importante es el tiempo que se le dedica a una idea. Dedícale tiempo a una idea. Así es como podemos realmente verla hacerse realidad. Ya sea empezar a hacer un moodboard, escribir la misión y visión de esa idea o empresa que quieres lanzar o renovar. Dedicarle tiempo, es lo más importante y quizás lo más difícil de la creatividad. 

El estilo propio es la clave al reinvertARTE

Porque, de todas formas, es necesario hacer muchas cosas antes de empezar a hacer cosas como uno mismo. Esto aplica a encontrar la voz propia en la manera de hacer, pues el ‘estilo’ lo distingues cuando has hecho muchas cosas y ves, poniendo proyecto junto a proyecto, que todo sino mucho de lo creado tiene un hilo conductor que se ha desarrollado a medida que pules tu herramienta. Yo, por ejemplo, me pasé un verano entero en mi adolescencia reajustando mi escritura porque no me gustaba mi letra. En un par de meses ya tenía otra manera de escribir, cosa que me ha ayudado en mi carrera con el tratamiento de la tipografía.

Haz de la expresión y experimentación tu mejor respuesta

Si no tienes un proyecto al que le quieras dedicar tiempo o no se te ocurre una habilidad que quieras pulir o desarrollar, el azar y el juego son buenas maneras de despejar la mente y ejercitar el músculo de la creatividad. 

Intenta expresar mediante metáforas lo que no sabes poner en palabras. Esto lo puedes hacer creando un bodegón con elementos de tu casa y fotografiarlo con tu teléfono sobre un fondo plano o creando la composición que prefieras, e inventando un título que dé explicación a tu imagen.
 
Otra manera de jugar a decir algo en términos de otra cosa, es a través del dibujo. Dibujar es hacer un registro con un material que manche sobre alguna superficie- así que todos sabemos hacerlo. La ficción permite darle forma a lo interno o abstracto. Ficcionarlo hace más fácil esta apertura del adentro. 

Si dibujar definitivamente no es lo tuyo, se puede hacer un ejercicio parecido de antiescritura con algún libro viejo o revista. Con un rotulador negro, escoge una palabra para empezar y vas tachando las que no hilan. Puedes seguir el tiempo que quieras y al final cuando lees el texto de corrido con lo que no has tachado, salen cosas increíbles. Las buenas ideas salen cuando se les trabaja, un día a la vez.

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